
Hoy es una mañana húmeda, un poco fría, el clima está jugando una mala pasada a esta calurosa tierra. Estoy en la oficina junto a mis compañeros de trabajo, el aire caliente de la misma y el que despedían los ventiladores parece hacer mella en las frágiles fosas nasales de una compañera, el silencio que se contrastaba con el sonido del ventilador y el sonido del teclado fue asaltado de pronto por un estrepitoso estornudo. -¡Achuuuu!
-¡salud! Contesta otro compañero.
-gracias, responde Milenka mientras restriega un pedazo de papel higiénico por su nariz.
Luego otro estornudo y otro más invaden la tranquilidad de la oficina. -¿qué es? Comienzan las bromas, - si todavía no es fin de semana.
Un estornudo más y mi mente se transporta a un recuerdo de mi adolescencia, a mi epoca escolar. Estaba en clase de matemáticas, junto a mis 52 compañeros de clase, en medio de un examen parcial, el silencio era casi fúnebre para esos exámenes la profesora karol una de las más estrictas del colegio, le gustaba que fuera así, así de silencioso, así de fúnebre, nada podría interrumpir ese silencio, ni los cuchicheos de los compañeros, ni el nerviosismo plasmado en el ruido de los zapatos. Nada podía interrumpir ese silencio.
Hasta que de pronto un estornudo rompe el protocolo. -¡Achuuuuuuu! Era Pilar una de las más aplicadas alumnas con su irregular ataque alérgico. – salud contesta un compañero.
Segundos más tarde otro estornudo vuelve a incomodar el ambiente y más aun a la profesora. Esta vez más de uno responde al estornudo con un cordial ¡salud!. Esto enoja un poco a la profesora quien se está dando cuenta que está perdiendo el control del silencio en el aula.
Otro estornudo y casi la mitad del salón interrumpe el silencio del examen para dar un ¡salud! en un gesto de solidaridad con nuestra compañera que atravesaba un ataque alérgico.
La profesora enojada porque por primera vez perdió el control del silencio agita su regla de madera y la estrella contra su pupitre- ¡SILENCIO! ¡CALLENSE! ESTAN EN MEDIO DE UN EXAMEN Y NO SE PUEDE HABALAR, AHORA NO QUIERO QUE NADIE DIGA SALUD. ¿ENTENDIDO?- protestó la profe.
Todos nos quedamos en silencio, de pronto un nuevo estornudo interrumpe el examen, nadie dijo nada, otro y otro estornudo vuelven a interrumpir el silencio y la concentración de pronto tras un último estornudo, una palabra de una voz chillona y anónima quiebra la tranquilidad y provoca el estallido de una risotada grupal. - ¡MUEREEEE!